"Con el libro Carretera abierta al amanecer, editado ahora por Renacimiento, obtuvo Alejandro Díaz del Pino (Málaga, 1984) el premio “Andalucía Joven” de poesía en 2010, un premio que ya ha dado a conocer otros libros interesantes como Seguir un buzón, de Virginia Aguilar, que también presentamos en este Centro el año pasado. Son dos libros que muestran a las claras la diversidad de la poesía andaluza en la actualidad, tanto la que publican los jóvenes como los mayores. El título del libro de Alejandro Díaz del Pino concentra espacio y tiempo: la carretera es un lugar simbólico del mundo contemporáneo desde la célebre novela On the road, de Jack Kerouac (de ella procede la cita inicial, y a ella se alude en el poema Km. 35), hasta películas relativamente recientes como Carretera perdida, de David Lynch; el amanecer suele representar un inicio o un tiempo de expectativas, aunque en este libro supone más bien un final, y en varios momentos aparece la expresión “amanecer en ruinas”, que nos da la medida del tono del libro.
Un sentimiento de desolación atraviesa de principio a fin Carretera abierta al amanecer. La voz nos habla de convivir con el vacío y conversar con el silencio, y los poemas se enuncian con la frialdad de un marcador de kilómetros, en una secuencia que podría ser un sello de impersonalidad o de intencionada distancia; apenas existen algunos paréntesis explicativos o situacionales. Sin embargo, hay mucho de apuesta personal en estos poemas, una pasión ante la vida que también se expresa a veces en forma de rechazo. El viaje imaginario que plantean tiene mucho de eterno retorno, de tiempo circular que parte de cualquier sitio y no importa demasiado adónde llega: así, el kilómetro 0 –una cita de La vida breve, de Juan Carlos Onetti- no es un punto de partida sino de llegada, el infinito sucede entre dos segundos y los aeropuertos, las vías del tren o las carreteras acompañan equipajes vacíos, sueños como vidas cruzadas.
Si el personaje que habita estos poemas está solo entre la multitud, no es extraño que las historias de amor sean evocadas a través de negaciones (“Yo nunca estuve allí...”) o que se ponga en cuestión la veracidad del pasado (“...que hoy nombro sin saber si fue real”), incluso el propio nombre (“Y no recuerdo cómo me llamaba entonces”). En muchos sentidos, Carretera abierta al amanecer sigue la estela de la contracultura y de la Generación Beat norteamericana, no solamente de Kerouac: están Ginsberg, Corso, Ferlinguetti, Burroughs, están el malestar y el grito, la insatisfacción frente a un mundo dominado por negociantes y especuladores. Las imágenes sugieren con frecuencia un repertorio de origen expresionista: suciedad, óxido, vísceras. Alejandro, que estudió periodismo, nombra “la muerte asomada a los periódicos/ con su mirada endémica”. (Cita, p. 62)
La figura del nómada tiene una especial relevancia a lo largo del libro: el nómada es el que no tiene sitio, o el que vaga por el desierto. El mundo global es precisamente el no-lugar, el cambio continuo; solo el capital es fijo, todo lo demás está en el aire, incluido el dinero, que no es más que un símbolo de las relaciones variables del mercado. Y el mundo global es también una suma de fragmentos: tal vez por eso mismo el epílogo nos habla de un pasado que no deja huellas, de un mundo devastado que se queda en el retrovisor."
reseña para la presentación de Carretera abierta al amanecer,
27 de junio de 2011,
Málaga