martes 28 de diciembre de 2010

Tríptico del desierto (II)

"Seco.
Vísceras de yeso
y cal.
Estoy seco.
Como un solar
desierto.
Como un desierto:
solar.
Tormentas de arena.
Lluvias de ceniza.
Mares de cemento.
Lecho terrario,
ferragosto, polvo.
Salinas escamadas,
suelos agrietados,
poligonal
enjambre de sequías.

Se dice
que jamás
ha llovido
en algunas partes
del desierto
de Atacama, Chile.

A eso
me refiero."

Vicente Luis Mora
Tiempo
Editorial Pre-Textos
ISBN: 978-84-8191-974-5

viernes 24 de diciembre de 2010

The Wire para zurdos. La erótica del poder



Este es el comienzo del segundo capítulo de la cuarta temporada de The Wire.

Apoteósica secuencia con los planos de los retratos de los distintos alcaldes de la ciudad de Baltimore.

lunes 20 de diciembre de 2010

Tríptico del desierto (I)

"El desierto se mete, reptando, en la tierra de un hombre. No es un felah, pero posee algo de tierra. Poseyó. Desde niño reparó la valla, asentó con mortero, acarreó piedras tan pesadas como él, levantó, construyó. Pero el desierto sigue metiéndose. ¿Es el muro un traidor que lo deja entrar? ¿Está el muchacho poseído de un djinn que hace que su mano haga mal el trabajo? ¿Es el ataque del desierto demasiado poderoso para cualquier muchacho, valla o padre y madre muertos?

     No. El desierto penetra. Es así y nada más. No hay ningún djinn en el chico, ni traición en la valla, ni hostilidad en el desierto. Nada.

     Pronto, nada. Pronto sólo el desierto. Las dos cabras han de ahogarse en la arena, metiendo el hocico para buscar el trébol blanco. Él ya no probará más su leche agria. Los melones perecen bajo la arena. ¡Nunca más pueden confortarte en el verano, ofrecerte fresco abdelavi, que tiene la forma de la trompeta del Ángel" Muere el maíz y no hay pan. La esposa y los hijos enferman y tórnanse irascibles. El hombre sale una noche corriendo, dirígese a donde estaba la valla, comienza a levantar  arrojar piedras imaginarias, maldice a Alá e implora luego el perdón del Profeta, orina a continuación sobre el desierto con la esperanza de ofender a lo que no puede ser ofendido.

     Le encuentran a la mañana a media legua de la casa, azulada la piel, tiritando en un sueño que es casi muerte, escarchadas las lágrimas sobre la arena.

     Y ahora es la casa la que comienza a llenarse de desierto, como la mitad inferior de un reloj de arena que nunca jamás será invertido."

Thomas Pynchon
V. 
Traducción de Carlos Martín Ramírez
Fabula Tusquets Editores 
ISBN: 978-84-8383-083-3

viernes 17 de diciembre de 2010

Críptico V: Lost in Pynchon

jueves 16 de diciembre de 2010

La entrada 111

"La sensación de gravitación / La fiereza de una cara / En un sueño dentro de otro sueño / Cuando cae la noche / enciendo las luces de cruce y vuelvo / a verte una vez más / Una de tantas veces / Cuando la noche cae / Enciendo las luces de cruce y grabo en el asfalto gris / Como una cinta más"

Antonio Vega
Luz de cruce, 1985

Le recuerdo agarrado al mástil de su guitarra, encorvado en un ángulo de 90º que señalaba, quizá, el lugar de la imaginación. Antonio Vega siempre ha sido una incógnita. Una ecuación que jamás he resuelto. Un tipo que imponía, al que siempre sentí a diez mil millones de años luz. Cuenta su biógrafo, Juan Bosco, que dejó tres carreras: arquitectura, sociología y físicas; ante aquella situación, se sometió a un test de inteligencia. Los resultados fueron sorprendentes: 168 puntos, cuando el rango medio es de cien. "No te felicito porque estos chicos suelen salir muy conflictivos", le advertiría el especialista a su madre. Hace seis años, el 17 de diciembre de 2004, asistí por primera vez a un concierto suyo; se celebró en La Botica, un local de Fuengirola, y nos reunimos allí poco más de cien personas.

Entiendo que conflictivo no es el adjetivo que despeja la incógnita. Antonio Vega compuso el himno de La Movida, de la que se retiró antes de que comenzara: en 1978. También dejó los Nacha Pop cuando el grupo estaba en la cresta: sus discos se vendían, la crítica les alababa y no faltaban fechas para los conciertos. Le jodió, tiempo después, aquel primer homenaje que sacaron a principios de los noventa: 'Ese chico triste y solitario'. Le jodió el título y el tufo a retirada-antes-de-tiempo que desprendía. ¿Solitario? Quizá. La soledad del corredor de fondo. La soledad que debe producir, imagino, tener una mente privilegiada. ¿Triste? Antonio Vega quería estar mejor, eso es todo.




Vivir en conflicto no es ser conflictivo, igual que recordar no es hacer negocios con la memoria. Lo hubiese tenido fácil: La chica de ayer contó con la suficiente repercusión como para hacer de la nostalgia el filón. Sin embargo, Antonio Vega siguió sacando discos y reinventándose. Ajeno a los homenajes, por supuesto, y tomándose el tiempo que estimaba necesario. Creando imágenes poéticas cada vez más potentes: lo 'vivo y fantasmal' de la última montaña, la tierra 'abrasada por el fuego de un anciano sol' o temas como Materia oscura, grabado en estudio, un bonus track con el que cerraba Básico (2002). Una letra circular, con un elevado poder evocador.




Los últimos años de su vida no fueron fáciles. Retomó los Nacha, supongo que por falta de liquidez más que por falta de cariño a aquel proyecto que, en su momento, tuvo un sentido y que en 2008 era tan anacrónico como prescindible. Después sacó 3000 Noches con Marga, su último álbum. Nueve temas misteriosos, con altibajos y del que rescato una joya: Caminos infinitos. Un ajuste de cuentas, una mirada hacia atrás menos críptica de lo habitual que incluía menciones explícitas a temas como Desordenada habitación o Luz de cruce.




La última canción que compuso Antonio Vega también tenía los ojos puestos en el pasado. Se llamaba Antes de haber nacido y se perdió. Algo falló en la grabación y prefirió dejarlo para otro día. Sólo queda un vídeo colgado en Youtube de un minuto de duración y pésima calidad. Decía: "Hasta aquí he llegado / Desde aquí he partido / Un camino sin descanso que buscó donde nacer / Antes de haber nacido." ¿Decía adiós?




No. Seguramente no decía adiós. Aquel 17 de diciembre de 2004 le sacaron una tarta enorme y le cantamos Cumpleaños feliz. Creo que se lo pasó bien. Fue algo muy íntimo. Estaba al alcance de todos y sin embargo yo seguía sintiéndolo a diez mil millones de años luz. Mi ecuación sin resolver tenía pinta de estar cansada, aunque sonreía tímidamente, como sonríen los que llevan a sus espaldas el peso de un firmamento de noches difíciles de recapitular. Una sonrisa tan enigmática como todo su universo poético y la biografía que le acompañaba. Pensé en acercarme y pedirle que me firmase la entrada 111. Después lo pensé mejor. Es mejor no conocer en persona a la gente a la que admiras. Ni tampoco tener que despedirte de ella. Hoy he vuelto a escuchar algunos de sus discos y no me he puesto triste ni me he sentido solo.


Escaneo de la entrada 111

miércoles 15 de diciembre de 2010

Epílogo alternativo: En el que Alejandro resuelve el enigma de V. mientras remueve con una cucharilla un café con leche



A Thomas Pynchon, de incógnito



Escaneo de un azucarillo de la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Málaga. Diciembre, 2010


domingo 12 de diciembre de 2010

Cierra los ojos. Escucha en la oscuridad cómo resuenan las cajas de música. Inténtalas parar

"Las cajas musicales son objetos rarísimos, para que surtan efecto, debemos alejarnos, reinventarlas remotas. Poco a poco, blandiendo la distancia, llegan resonancias, ecos surgidos desde una cavidad hasta entonces desconocida; y tiempo y espacio desaparecen, y todo cuaja conectado en un solo acontecimiento que no llega a entenderse. Es la lógica de aquello que más nos atrae: la superioridad poética del tambor respecto a la piedra; la superioridad de lo hueco.[57]"

Agustín Fernández Mallo
Creta lateral travelling
Editorial Sloper S.L.
ISBN: 8493417598

viernes 10 de diciembre de 2010

Estado de ánimo

Esta tarde he ido a ver el mar.

Está furioso.

miércoles 8 de diciembre de 2010

Cuidado con la Monja Verde

"Se aprendía a no tener un pensamiento que uno se sintiera avergonzado de contarle a la Monja Verde, y no hacer nunca nada que te avergonzase hacer delante de ella. Y más tarde o más temprano te unías al Club del Cuarto. A los pacientes conversos se les permitía un cuarto de grano de morfina todas las noches antes de apagar las luces, un privilegio que se retiraba ante cualquier pecado.

—Ahora ya sabes que soñar con volar está MAL, ¿verdad? Por eso te has quedado sin tu medicina.

    Temblando con la enfermedad de los yonquis en el helado pabellón todo el día siguiente él tenía que parecer contento y feliz mientras se atareaba con los colores y la plastilina. Había aprendido a dibujar a la Virgen María y a santa Teresa con un inconfundible parecido con la Monja Verde. Las cruces siempre salían bien con plastilina. Poco después de su compromiso cometió el error de moldear una estatua griega desnuda. Aquel día la regla de la hermana cayó en su delgada muñeca azul y se vio obligado a escribir: «soy un animalillo sucio» diez mil veces en muchos sitios."

William S. Burroughs
Los chicos salvajes
(El libro de los muertos)
Traducción de Ana Herrera Ferrer
El Aleph
ISBN: 84-7669-759-7