A la mayoría de concursos de poesía te permiten presentar un máximo de versos. Así, los hay a los que puedes concurrir con cincuenta, doscientos, quinientos, cuatro mil versos como tope. Me pregunto por qué no dan un giro y no exigen un límite de palabras. O van más allá y lo miden por otros parámetros de carácter retórico, como las metáforas o las sinestesias. Así participaríamos en certámenes en los que el uso del pleonasmo o la anáfora –siempre socorrida- quedara limitado a cincuenta, doscientos, quinientos, cuatro mil… No veo por qué sería más disparatado.
jueves 28 de enero de 2010
martes 19 de enero de 2010
Orgasmos crípticos: Método científico
Nos dijeron que aquello estaba mal.
eyaculamos nuestras propias conclusiones.
(poema XV de Orgasmos crípticos)
Alejandro Díaz
Después con manos caníbales,
eyaculamos nuestras propias conclusiones.
(poema XV de Orgasmos crípticos)
Alejandro Díaz
lunes 18 de enero de 2010
Orgasmos crípticos
Días venideros, pequeñas muestras de un nuevo proyecto: 'Orgasmos crípticos'
Pues vaya miseria aquel aguacero que no supo empaparnos.
Era una noche etílica en la que nos mareó el exceso cultural
y fuimos incapaces de escribir un poema.
¿Recuerdas?
Después regresamos a vidas improbables.
Yo me masturbé pensando en ti.
Tú despertaste con los cantares completos de Ezra Pound entre las piernas.
(Poema XXI de Orgasmos crípticos)
Alejandro Díaz
Pues vaya miseria aquel aguacero que no supo empaparnos.
Era una noche etílica en la que nos mareó el exceso cultural
y fuimos incapaces de escribir un poema.
¿Recuerdas?
Después regresamos a vidas improbables.
Yo me masturbé pensando en ti.
Tú despertaste con los cantares completos de Ezra Pound entre las piernas.
(Poema XXI de Orgasmos crípticos)
Alejandro Díaz
lunes 11 de enero de 2010
Apuntes sobre la obra de Guillermo Cabrera Infante
"A lo largo de su reportaje sobre la Cuba de Castro, en nuestra lectura, existe un margen de temor, una sombra paralela al texto afligido, la pista de un documental escrito donde los temas se ven en blanco y negro. Por la honestidad de sus detalles, Mea Cuba es de una importancia inestimable. Hay algunos esritores cuya mezcla de periodismo y ficción contiene una excitación indistinguible: Hemingway, Dickens, Naipaul, Greene y Cabrera Infante. El poder de la prosa periodística de Cabrera Infante reside en que no es la disensión polémica, sino el sentido común devastador lo que vuelve absurda a la autoridad. Su testimonio implacable en contra del catequismo comunista -las pomposidades polisilábicas del catecismo, su sintaxis concreta e inflexible- es más rico que la disensión de Orwell en su talante humorístico, sus risitas de desacuerdo y su tono de parodia continua, que me parece particularmente caribeña, aunque también particularmente española en su picong, la palabra trinitaria para sátira. Éste es el origen del insaciable gusto de Cabrera Infante por el pun. La consecuencia es que enloquece a la pomposidad; la revolución no se toma en serio, y tal irreverencia, como lo es en cualquier ortodoxia, incluida la Iglesia Católica Romana, es una blasfemia que trae consecuencias infernales -como el destierro. "
Derek Walcott,
Cabrera Infante: El gran exiliado
The New York Review of Books
-Traducción de Adriana Santoveña
*
"No quiero terminar esta reseña sin aludir, aunque sea muy rápidamente, a la relación de la novela con lo que se ha dado en llamar, cada vez con mayor insistencia, la literatura neobarroca, a la que suele vincularse la obra de Cabrera Infante. Ciertamente que el autor no participa del hermetismo y la complejidad que generalmente identifican a la poética del barroco. La Habana para un infante difunto se caracteriza por lo contrario: la frescura, la espontaneidad, la transparencia. Sin embargo, tiene, del espíritu barroco, aquello que según Sarduy lo tipifica, a saber: el ocio y la gratuidad, la autocomplacencia en el desperdicio, en el excedente; en una palabra, la superabundancia, que culmina con el gigantismo."
Gonzalo Celorio,
Guillermo Cabrera Infante. Y la carne se hizo verbo
Ensayo de la contraconquista
Fragmento, Tusquets, 2001
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literatura
domingo 10 de enero de 2010
jueves 7 de enero de 2010
Correr. Correr. Desaparecer
Crepita la noche en su tormenta.
Los créditos finales se funden con la lluvia.
Pienso en Allen Ginsberg, en su Aullido:
Perviven las palabras de un Replicante.
Alejandro Díaz
Málaga
enero, 2010
Los créditos finales se funden con la lluvia.
Pienso en Allen Ginsberg, en su Aullido:
Perviven las palabras de un Replicante.
Alejandro Díaz
Málaga
enero, 2010
miércoles 6 de enero de 2010
Críptico III: Lanzarse a los caminos
Sopla fuerte el viento. Se lleva por delante varios días de tormenta. Veinte noches de lluvias, de ruido. Reencuentro con los viejos amigos –todavía jóvenes, mucho. Hemos cerrado los bares casi siempre, como siempre. Tomamos tequila. Reímos. Nos fuimos a Madrid. La ciudad maldita. Nevó. Y así bajamos de golpe –una sacudida de viento- hasta el sur. Era madrugada y la A-4 nos sorprendía con una luna creciente a nuestra izquierda –se llenaría el 31 de diciembre. Ahora, a mi izquierda, una foto fija: La Habana para un Infante Difunto. Debo releer el epílogo. Danner estuvo aquí, jinetes en la tormenta, bebimos. Vivimos. A mi derecha un Cuaderno inhumano, sin luna: cruel –ya lo habéis visto. Suena The Doors, mi canción de cuna para esta noche que es una despedida. El viento sopla fuerte. He recuperado unos textos preciosos de mi abuelo, llevaba años tras ellos. He descubierto rincones en esta ciudad que no se acuerda de nada. Que es de puerto. Ciudad inhumana. Ciudad de corsarios.
La tormenta pasó: tras los cristales de la noche, algunas luces. Extraña compañía: Jim Morrison, La Habana, Cuaderno inhumano -¿poesía? Ahora me precipito al regreso. Incombustible, sólo pienso en escribir. Sólo pienso en la palabra. Solo. Solos como jinetes en la tormenta. Bebimos tequila, whisky, vino. Comimos. No, no fuimos ascetas, tampoco cristianos: no sabemos de la culpa. No sabemos nada. Somos materia. Materia viva, hedonista, caótica. Sólo pienso en escribir. Pienso a solas. Escribo. La luna volverá a llenarse y no haré más literatura al respecto. Sólo pienso en escribir y eso es lo que haré: lanzarme a los caminos. Lanzarme a los caminos. Lanzarme a los caminos. Los caminos.
Sopla fuerte el viento.
La tormenta pasó: tras los cristales de la noche, algunas luces. Extraña compañía: Jim Morrison, La Habana, Cuaderno inhumano -¿poesía? Ahora me precipito al regreso. Incombustible, sólo pienso en escribir. Sólo pienso en la palabra. Solo. Solos como jinetes en la tormenta. Bebimos tequila, whisky, vino. Comimos. No, no fuimos ascetas, tampoco cristianos: no sabemos de la culpa. No sabemos nada. Somos materia. Materia viva, hedonista, caótica. Sólo pienso en escribir. Pienso a solas. Escribo. La luna volverá a llenarse y no haré más literatura al respecto. Sólo pienso en escribir y eso es lo que haré: lanzarme a los caminos. Lanzarme a los caminos. Lanzarme a los caminos. Los caminos.
Sopla fuerte el viento.
Alejandro Díaz del Pino
Málaga,
enero 2010
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