lunes 20 de diciembre de 2010

Tríptico del desierto (I)

"El desierto se mete, reptando, en la tierra de un hombre. No es un felah, pero posee algo de tierra. Poseyó. Desde niño reparó la valla, asentó con mortero, acarreó piedras tan pesadas como él, levantó, construyó. Pero el desierto sigue metiéndose. ¿Es el muro un traidor que lo deja entrar? ¿Está el muchacho poseído de un djinn que hace que su mano haga mal el trabajo? ¿Es el ataque del desierto demasiado poderoso para cualquier muchacho, valla o padre y madre muertos?

     No. El desierto penetra. Es así y nada más. No hay ningún djinn en el chico, ni traición en la valla, ni hostilidad en el desierto. Nada.

     Pronto, nada. Pronto sólo el desierto. Las dos cabras han de ahogarse en la arena, metiendo el hocico para buscar el trébol blanco. Él ya no probará más su leche agria. Los melones perecen bajo la arena. ¡Nunca más pueden confortarte en el verano, ofrecerte fresco abdelavi, que tiene la forma de la trompeta del Ángel" Muere el maíz y no hay pan. La esposa y los hijos enferman y tórnanse irascibles. El hombre sale una noche corriendo, dirígese a donde estaba la valla, comienza a levantar  arrojar piedras imaginarias, maldice a Alá e implora luego el perdón del Profeta, orina a continuación sobre el desierto con la esperanza de ofender a lo que no puede ser ofendido.

     Le encuentran a la mañana a media legua de la casa, azulada la piel, tiritando en un sueño que es casi muerte, escarchadas las lágrimas sobre la arena.

     Y ahora es la casa la que comienza a llenarse de desierto, como la mitad inferior de un reloj de arena que nunca jamás será invertido."

Thomas Pynchon
V. 
Traducción de Carlos Martín Ramírez
Fabula Tusquets Editores 
ISBN: 978-84-8383-083-3

1 comentarios:

diana moreno dijo...

estupendo relato. no conocía a thomas pynchon, pero creo que buscaré algo de él. saludos!