"Se aprendía a no tener un pensamiento que uno se sintiera avergonzado de contarle a la Monja Verde, y no hacer nunca nada que te avergonzase hacer delante de ella. Y más tarde o más temprano te unías al Club del Cuarto. A los pacientes conversos se les permitía un cuarto de grano de morfina todas las noches antes de apagar las luces, un privilegio que se retiraba ante cualquier pecado.
—Ahora ya sabes que soñar con volar está MAL, ¿verdad? Por eso te has quedado sin tu medicina.
Temblando con la enfermedad de los yonquis en el helado pabellón todo el día siguiente él tenía que parecer contento y feliz mientras se atareaba con los colores y la plastilina. Había aprendido a dibujar a la Virgen María y a santa Teresa con un inconfundible parecido con la Monja Verde. Las cruces siempre salían bien con plastilina. Poco después de su compromiso cometió el error de moldear una estatua griega desnuda. Aquel día la regla de la hermana cayó en su delgada muñeca azul y se vio obligado a escribir: «soy un animalillo sucio» diez mil veces en muchos sitios."
William S. Burroughs
Los chicos salvajes
(El libro de los muertos)
Traducción de Ana Herrera Ferrer
El Aleph
ISBN: 84-7669-759-7
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