martes 19 de octubre de 2010

Dialéctica del doblaje

4) [...] En el cine, desde un punto de vista contemporáneo, tampoco importa la declamación per se, importa más lo que se dice que cómo se dice: la versión original o los subtítulos en otro idioma, sencillamente, tienen un sentido superfluo o anecdótico. El empeño por la versión original o los subtítulos es un reflujo de los tiempos en los que sólo existía el teatro o el cine imitaba al teatro, un hábito adquirido y hoy por hoy insostenible como norma, además de carente del menor soporte teórico: el cine es puro artificio y, como tal, todo vale en tanto el responsable de la obra así lo decida. Se dobla a un actor de la misma manera que se le pone al film una banda sonora procedente de una pieza grabada en un CD; ¡no hay una orquesta tocando detrás de los actores mientras se rueda! No hay ese elemento de «verdad» física, plenamente corporal, que sí requiere el teatro. El cine es un corta y pega de elementos de naturalezas disímiles, un arte bastardo. [...]

Agustín Fernández Mallo
Postpoesía: Hacia un nuevo paradigma
Anagrama, 2009





6 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Don Agustín y su visión del mundo.

Jirón dijo...

Menuda gilipollez.

Jirón dijo...

PD: Cuando averigüemos qué coño es la poesía (cuestión que los teóricos de la literatura llevan intentando definir y delimitar desde hace cientos de años), igual será el momento de ir a por eso de la postpoesía.

Alejandro Díaz del Pino dijo...

Bueno, lo que hace Fernández Mallo en 'Postpoesía: hacia un nuevo paradigma' no tiene mucho que ver con la definición de poesía, sino más bien con cuál es el lugar de la poesía dentro de la sociedad contemporánea. La cuestión no es estar en contra o a favor de lo que plantea, sino la necesidad de generar un debate en torno a ello.

Si sólo sirve para expresar la sensibilidad del hombre del siglo XIX, ¿para qué seguir haciendo poesía? Si ni siquiera nosotros aceptamos la evidencia de que la poesía, como forma de expresión, está completamente alejada y muerta dentro del lenguaje artístico contemporáneo; si, como creadores, somos incapaces de tratar de leer el tiempo en el que vivimos, ¿qué hacemos o estamos haciendo?

Decir que el arte contemporáneo es una gran mentira y que menuda gilipollez y tal queda muy castizo y casposo, pero no contribuye más que a la inmutabilidad y el aislamiento.

Si lees el ensayo, verás que en ningún momento se plantea la postpoesía como un género, sino más bien como una formulación, una propuesta más. Una herramienta para generar debate: entiendo que si la poesía se mantiene como un hecho aislado, fiel a los cánones decimonónicos del malditismo, el spleen, la gran ciudad, la melancolía y los demás estándares que huelen un poco a vinagre y a añejo, y no se abre, no a 'otra sensibilidad', sino a nuevas sensibilidades y complejidades que se han generado en una sociedad que atraviesa periodos de cambios profundos -estructurales, culturales, tecnológicos, económicos- con la misma permeabilidad que lo hace el arte contemporáneo hacia el audiovisual -por poner un ejemplo-, estaremos, sencillamente, masturbándonos.

No puedo sentir el spleen. Como lector, puedo admirar Las flores del mal. Pero los mundos de Baudelaire, de Ginsberg, de Machado, o de Javier Egea -por mencionar poetas que admiro- me son tan ajenos como a ellos les sería el nuestro. Y si tengo la intención de manifestarme a través de la expresión poética, me parece una insensatez y una falta de honestidad brutal enorme nutrirme de herramientas del pasado y pretender que a la sociedad contemporánea pueda llegar mi mensaje o interesarle lo más mínimo.

No se trata de hacer una poesía de la ruptura frente a una poesía canónica. Se trata de superar ese modelo dialéctico y aspirar a hacer algo nuevo. Distinto. Perecedero. ¿Imposible? No sé. Pero lo que está claro es que sin este debate, estaremos perdidos y quejarse por que la gente no lea –y consuma- poesía o ni siquiera los 'jóvenes creadores' muestren interés por ella será -o es- un hecho derivado de nuestra falta de persistencia en la idea de seguir buscando.

Un abrazo.

P.D.: En cualquier caso, esta entrada habla sobre la pertinencia o no del doblaje en el cine actual. Un fragmento descontextualizado y que poco tiene que ver con esta parrafada.

Jirón dijo...

Yo digo que es una gilipollez lo del doblaje. Con respecto a eso de la postpoesía, me parece que el término es innecesario, habida cuenta de que lo poco que se sabe a ciencia cierta sobre la poesía es su naturaleza cambiante y que, básicamente, puede abarcarlo todo... Actualizar, renovar, poner en valor, hablar de esto o de lo otro o cambiar de actitud me parece muy bien, cada uno que busque su manera; pero hablar de "postpoesía" es básicamente asumir que la poesía está agotada y eso, insisto, por definición es imposible. No se puede agotar algo inasible. Al final es simplemente un debate sobre nomenclatura.

Y que una obra o autor sea ajeno porque haya pasado tiempo, bueno... Homero sigue siendo actual. Y uno mismo coge hoy un libro determinado y le parece pasado de rosca, para años después releerlo y descubrir que es nosequeísmo avant-la-lètre...

Jirón dijo...

Ah, PD: lo de que la poesía sólo sirve para expresar la sensibilidad del siglo XIX es, básicamente, un axioma de partida: o te lo comes o el resto del razonamiento se te viene abajo. Lo que yo decía, un problema de términos, no de fondo.