lunes 11 de enero de 2010

Apuntes sobre la obra de Guillermo Cabrera Infante

"A lo largo de su reportaje sobre la Cuba de Castro, en nuestra lectura, existe un margen de temor, una sombra paralela al texto afligido, la pista de un documental escrito donde los temas se ven en blanco y negro. Por la honestidad de sus detalles, Mea Cuba es de una importancia inestimable. Hay algunos esritores cuya mezcla de periodismo y ficción contiene una excitación indistinguible: Hemingway, Dickens, Naipaul, Greene y Cabrera Infante. El poder de la prosa periodística de Cabrera Infante reside en que no es la disensión polémica, sino el sentido común devastador lo que vuelve absurda a la autoridad. Su testimonio implacable en contra del catequismo comunista -las pomposidades polisilábicas del catecismo, su sintaxis concreta e inflexible- es más rico que la disensión de Orwell en su talante humorístico, sus risitas de desacuerdo y su tono de parodia continua, que me parece particularmente caribeña, aunque también particularmente española en su picong, la palabra trinitaria para sátira. Éste es el origen del insaciable gusto de Cabrera Infante por el pun. La consecuencia es que enloquece a la pomposidad; la revolución no se toma en serio, y tal irreverencia, como lo es en cualquier ortodoxia, incluida la Iglesia Católica Romana, es una blasfemia que trae consecuencias infernales -como el destierro. "

Derek Walcott,
Cabrera Infante: El gran exiliado
The New York Review of Books
-Traducción de Adriana Santoveña


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"No quiero terminar esta reseña sin aludir, aunque sea muy rápidamente, a la relación de la novela con lo que se ha dado en llamar, cada vez con mayor insistencia, la literatura neobarroca, a la que suele vincularse la obra de Cabrera Infante. Ciertamente que el autor no participa del hermetismo y la complejidad que generalmente identifican a la poética del barroco. La Habana para un infante difunto se caracteriza por lo contrario: la frescura, la espontaneidad, la transparencia. Sin embargo, tiene, del espíritu barroco, aquello que según Sarduy lo tipifica, a saber: el ocio y la gratuidad, la autocomplacencia en el desperdicio, en el excedente; en una palabra, la superabundancia, que culmina con el gigantismo."

Gonzalo Celorio,
Guillermo Cabrera Infante. Y la carne se hizo verbo
Ensayo de la contraconquista
Fragmento, Tusquets, 2001

1 subversiones:

ingelmo dijo...

Me encantan las novelas de G. Cabrera Infante. La Habana para un infante difunto, Tres tristes tigres y Ella cantaba boleros están entre mis lecturas preferidas. Próximamente leeré Mea Cuba, en cuanto consiga el libro porque se me está complicando...